Por: Valram.
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El ciervo, el manantial y el león
Agobiado
por la sed, llegó un ciervo a un manantial. Después de beber, vio su
reflejo en el agua. Al comtemplar su hermosa cornamenta, sintióse
orgulloso, pero quedó descontento por sus piernas débiles y finas.
Sumido aún en estos pensamientos, apareció un león que comenzó a
perseguirle. Echó a correr y le ganó una gran distancia, pues la fuerza
de los ciervos está en sus piernas y la del león en su corazón.
Mientras
el campo fue llano, el ciervo guardó la distancia que le salvaba; pero
al entrar en el bosque sus cuernos se engancharon a las ramas y, no
pudiendo escapar, fue atrapado por el león. A punto de morir, exclamó
para sí mismo:
-- ¡Desdichado! Mis pies, que pensaba me
traicionaban, eran los que me salvaban, y mis cuernos, en los que ponía
toda mi confianza, son los que me pierden.
Moraleja:
Muchas
veces, a quienes creemos más indiferentes, son quienes nos dan la mano
en las congojas, mientras que los que nos adulan, ni siquiera se asoman.
Autor: Esopo, fabulista griego
Saludos
Valram
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